Proyecto 1: Punto Cero
Crecer sin perder la esencia
Una empresa en pleno crecimiento nació con una intención clara: funcionar de forma distribuida y autogestionada. Sin embargo, el propio crecimiento empezó a empujarles hacia prácticas más jerárquicas y de control, generándoles una incomodidad profunda. Sentían que estaban perdiendo una parte esencial de su identidad, precisamente aquello que les diferenciaba y por lo que eran reconocidos en el mercado.
Una empresa en pleno crecimiento nació con una intención clara: funcionar de forma distribuida y autogestionada. Sin embargo, el propio crecimiento empezó a empujarles hacia prácticas más jerárquicas y de control, generándoles una incomodidad profunda. Sentían que estaban perdiendo una parte esencial de su identidad, precisamente aquello que les diferenciaba y por lo que eran reconocidos en el mercado.
Nos sentamos con el Comité de Dirección (en el que también hay Socios y Socias) para escuchar sus inquietudes. Aunque compartían el malestar, cada uno/a ponía el foco en ámbitos distintos: estructura, procesos, toma de decisiones o dinámicas de equipo. Antes de proponer soluciones, era necesario ganar una mirada común y sistémica sobre qué estaba ocurriendo realmente en la organización.
Les propusimos realizar un diagnóstico con nuestro modelo IEDO, diseñado para analizar el sistema organizativo de forma holística y que permitía entender no solo qué no funcionaba, sino por qué.
El proceso combinó la escucha de todas las personas de la organización a través de una encuesta cuantitativa y cualitativa y con un un workshop con el Comité de Dirección. Analizamos las tensiones del sistema más allá de las puntuaciones: dónde se bloqueaban las decisiones, qué prácticas generaban fricción, qué personas o roles estaban compensando y qué acuerdos habían dejado de servir al momento actual.
Para cada tensión identificamos palancas de diseño en tres niveles:
estructura (roles, gobernanza, reuniones), procesos (decisión, priorización, flujo de información) y hábitos (lenguaje, acuerdos y prácticas compartidas). A partir de ahí, priorizamos las necesidades y definimos los ajustes clave a abordar.
El resultado fue un informe claro y accionable, presentado al Comité de Dirección junto con una propuesta de prioridades y un plan de intervención. El diagnóstico generó mayor claridad sobre el funcionamiento real de la organización y, sobre todo, un mayor alineamiento entre los socios sobre qué abordar primero para mejorar la gestión del negocio y la experiencia de trabajo, sin renunciar a su esencia.